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Las tres caras de Marina

Le confío al blog una cosa, yo escribo en un cuaderno, escribo también en la computadora y escribo aquí. En ningún sitio soy la misma persona!
La que me gusta más es la de la computadora y la que me gusta menos es la versión en línea. Creo que hay una razón, o varias. Aquí escribo con censura, si pongo nombres, apellidos, lugares y marcas luego recibo propaganda, me localizan en algún perfil para el bombardeo de márketing. Todo lo que escriba puede ser utilizado en contra mía. Me siento desnuda y vulnerable. En un cuaderno la cosa es más lenta, a veces hago dibujitos, miro por la ventana.
En mi documento las ideas y las palabras fluyen, la que tipea es una mujer más jovial, más traviesa y me siento mejor.
En un revista femenina que se llama Femina leí que en el cerebro se activan diferentes partes según escribamos a mano o en un teclado. Debe haber algo de verdad. Aunque venga de Femina.

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Acento extranjero

Me pides imposibles. Que hable sin acento. Al diablo con los acentos. Me encantan los acentos, son partes fundamentales de una, dicen todo o casi de una. Siempre tendré acento...en todos los idiomas que hablo. No te creas, no son tan pocos. Es otro motivo para conservar un acento, no tengo todo el tiempo para cultivar un acento en cada idioma ni me interesa perder mi acento. Ni que fuera a trabajar con mi voz.

Hacer algo

 Pero cuando haces tantas cosas, a veces piensas que hay que hacer más cosas para ser realmente productiva. Estamos confinados de nuevo y eso es ideal para sentirse nervioso(a), alterado(a).  Solo el arte nos salvará! El arte y la naturaleza. Estoy cultuvando tomates, dentro de mi casa. Con mis hijos seguimos su crecimiento. En especial con M. A ver si pronto pongo fotos de las plantas de tomates.
Quiero tener contacto con una persona que creo que conozco pero en realidad no conozco tanto. Me aterra saber que he cambiado tanto. Qué ingenua he sido, qué ingenua era. Mientras tanto mis hijos crecen pero en una determinada parte de nuestras vidas, la mía empezó a retroceder. Quise cambiar, seguro lo logré pero no soy más feliz ahora. Es lo más honesta que puedo ser. En estos tiempos la honestidad cuesta demasiado pero estoy dispuesta a pagar el precio porque si al final no soy yo y no admito que no me gusta ser quien soy, nada me sirve y a nadie voy a engañar. Hay detalles, hay pedacitos, fragmentos que me dan luz, lucecitas. Yo quiero siempre más, de todo y de todos comenzado por mí. Puedo mucho y tan poco...