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Carlos o Ilich

Ví Carlos de Oliver Assayas. Mi mamá me contó algo, a ella le gustó la película y por eso cuando anunciaron que la pasarían en Arte me dije " esta la tengo que ver". Con J nos quedamos hasta las 10 de la noche viendola, el resto lo grabamos y hoy pasarán la tercera parte. Me gustó mucho lo que ví. No que maten gente sino que la película era verosímil y Edgar Ramírez desempeñaba maravillosamente su papel (el actor es políglota!!). Los setenta están muy bien recreados. La historia misma de Carlos es interesantísima. Me encantó que para un venezolano buscaran a un venezolano no como suelen hacer, ponen a actores que hablan español como si el acento no contara, como si no hubiera gente talentosa en Cuba que pueda actuar de cubana o argentina de argentina. Raros, raros son los que pueden hacer de lo que no son en cuanto a acento se refiere. J me dijo en un momento que Carlos tenía a su manera un poco de razón. Si se pudiera hacer presión sin matar inocentes yo también lo creería pero es casi imposible. Qué hacer? indignarse? qué se gana haciendo manifestaciones?

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Acento extranjero

Me pides imposibles. Que hable sin acento. Al diablo con los acentos. Me encantan los acentos, son partes fundamentales de una, dicen todo o casi de una. Siempre tendré acento...en todos los idiomas que hablo. No te creas, no son tan pocos. Es otro motivo para conservar un acento, no tengo todo el tiempo para cultivar un acento en cada idioma ni me interesa perder mi acento. Ni que fuera a trabajar con mi voz.

Hacer algo

 Pero cuando haces tantas cosas, a veces piensas que hay que hacer más cosas para ser realmente productiva. Estamos confinados de nuevo y eso es ideal para sentirse nervioso(a), alterado(a).  Solo el arte nos salvará! El arte y la naturaleza. Estoy cultuvando tomates, dentro de mi casa. Con mis hijos seguimos su crecimiento. En especial con M. A ver si pronto pongo fotos de las plantas de tomates.
Quiero tener contacto con una persona que creo que conozco pero en realidad no conozco tanto. Me aterra saber que he cambiado tanto. Qué ingenua he sido, qué ingenua era. Mientras tanto mis hijos crecen pero en una determinada parte de nuestras vidas, la mía empezó a retroceder. Quise cambiar, seguro lo logré pero no soy más feliz ahora. Es lo más honesta que puedo ser. En estos tiempos la honestidad cuesta demasiado pero estoy dispuesta a pagar el precio porque si al final no soy yo y no admito que no me gusta ser quien soy, nada me sirve y a nadie voy a engañar. Hay detalles, hay pedacitos, fragmentos que me dan luz, lucecitas. Yo quiero siempre más, de todo y de todos comenzado por mí. Puedo mucho y tan poco...