Dimanche, salimos por la tarde, casi la noche. Ya casi había olvidado cuán hermoso podía ser el paisaje de Jistreg. Dimos la vuelta a la colina. Había campos de trigo verde aún cuyas espigas se mecían con el viento. Más allá, el verde de las matas de patatas contrastaba con el de los cerales primitivos bordeando los campos. Ya no quedaban más dientes de león. Al llegar a las viñas Mila se metió por una de la hileras y me sonreía de rato en rato. Cuando regresamos sentí casi pena por no comprender la naturaleza.
Me pides imposibles. Que hable sin acento. Al diablo con los acentos. Me encantan los acentos, son partes fundamentales de una, dicen todo o casi de una. Siempre tendré acento...en todos los idiomas que hablo. No te creas, no son tan pocos. Es otro motivo para conservar un acento, no tengo todo el tiempo para cultivar un acento en cada idioma ni me interesa perder mi acento. Ni que fuera a trabajar con mi voz.